sábado, 14 de agosto de 2010

La arena; leyenda de un navegante

Con camisas, chalecos, pantalones y tricornios llenos de arena se presentan estos navegantes del siglo XVIII que al conocer Cádiz se enamoran tanto que nunca más volverán a la mar para convertirse por siempre en arena. Este grupo, de nueva formación, llegaba desde Algeciras directos al Falla con un interesante tipo y con un conjunto de voces a veces colosal, a veces desmedido.

Con letra y música de Manuel Antonio Calderón traen una presentación cargada de fuerza e interpretación simulando, alegóricamente, la arena gaditana. Al fondo, las siluetas de los barcos veleros que atrás han dejado ya. Ahora se encuentran envueltos en estrellas de mar, algas y caracolas. El juego de voces magnífico aunque pueda sonar gritado.

En los pasodobles, sin embargo, defienden los altos con más delicadeza lo que, junto a una comprometida letra y una música agradable, llegan a erizar el vello. Homenaje a Enrique Villegas en uno de ellos o las vivencias de una madre que cuidando a su hijo tras sufrir éste un accidente de coche, vuelven a nacer los dos. Además, una pareja de abuelos recuerdan su vida aunque uno de ellos sufre Alzheimer.

Mientras en los cuples, cuentan historias y anécdotas haciendo tipo: los veraneantes pasan un día en la playa y aprovechan la ocasión para hacerles jugarretas con tal de que se marchen. Otros menos conseguidos, al día de la Paz y a los rumores en el carnaval. En el estribillo, rematado con el "comprendes mi niña, comprendes al fin, que yo me desmorone por ti" explican las razones por las que han abandonado su singladura.

Para terminar, lo más completo de esta comparsa. Un popurrí de fabulosas cuartetas en las que, incluso, introducen una flauta travesera y un clarinete. Sólos de percusión y coros de voces que arrancan el aplauso del público para contar historias que han vivido siendo arena. Hasta cuartos de final llegaron estos comparsistas que, si hubieran cuidado algo más los contraaltos, podrían haber lucido mucho más. Aún así, emocionan.



viernes, 13 de agosto de 2010

El Cielo de Cádiz

Decir “año 1998” es decir “Los piratas de Martínez Ares”… pero ese mismo año Tino Tovar nos trajo una comparsa que se quedó a sólo 3 puntos de esos míticos bucaneros de La Invencible. Y es que era una comparsa angelical, y nunca mejor dicho: un grupo de angelitos liderados por un joven Jesús Bienvenido irrumpía con sus dos alitas y sus coloretes para traernos El Cielo de Cádiz.

Cantando sobre algodones, con su tacita de plata al fondo (su cielo particular), estos angelitos comenzaban a cappella su presentación. A modo de coro celestial, dando las buenas noches, consiguen llenar todo el escenario a pesar de quedar inaudibles caja, bombo y guitarras, quienes recobran su protagonismo al final de la presentación. Pese a la solemnidad de sus voces, la afinación resalta por encima de la letra, sin llegar a perder ese estilo desenfadado que les caracteriza.

Los pasodobles comienzan como viene siendo habitual en este grupo, con su pito de caña. Temas variados, letras no demasiado duras, pero muy aplaudidas por el respetable. A destacar, “en sus pasajes la Biblia” donde alaban la creación de la mujer “para ir comprendiendo que es un privilegio que esta maravilla viva a nuestro lado” o bien “pregunta a veces la gente” donde explican el porqué de sus dos coloretes. Precioso. La música parece ir meciendo unas voces que invitan a creer que verdaderamente estamos ante los ángeles.
Mostrando su lado más candoroso, comienzan los cuplés, pero terminan haciéndolo “más de Cai”. Muy simpáticos, a destacar el estribillo, coreado por todo el teatro: “Cuando veo a mi angelita, como no tenemos sexo , pa enrollarnos yo le digo: ¡Angelita! Vamo a rozarnos las dos alitas”. Estribillo que será recordado años más tarde con los Ángeles Caídos, en otro tono ‘menos angelical’.

El popurrí en la línea del resto del repertorio: una maravilla. Combinan excelente música con una afinación de categoría; ritmos y letras pegadizas también tienen su protagonismo. Tras La Botica y Los callejeros, era el tercer año de participación en la modalidad de adultos de este grupo, y quizás sin ese “Con permiso buenas tardes”, Tino no hubiera tenido que esperar dos años más para conseguir un primero.

jueves, 12 de agosto de 2010

Los Rebañaores de Ollas de Menudo

Leído el nombre, poco más hay que decir del tipo. Estos señores van de gordos, de lambuzos de todas las edades y clases sociales (del garrulo al ricachón). En una semana en la que el Yuyu ha anunciado que no saldrá el año que viene, porque necesita descansar y “porque estoy harto de tanta mierda en el Canaval”, repasamos una de sus chirigotas más olvidadas. “Me lo como to, lo mismo el jamón serrano que el pellejo del salchichón”, así comienza la presentación. A estos gorditos, con una talla 202, no les importa comer, cuando están esmallaos, “un perrito caliente que dos gatitos templaos”.

El pasodoble, como es habitual en las chirigotas del Yuyu y Sánchez Reyes, es el punto fuerte de estos rebañaores. Le cantan a su hijo, que quiere ser futbolista pero no para de comer o los animales de los documentales. Mucho ingenio el de la chirigota, pero aún no llegan al surrealismo que alcanzarían años después con Tampax Goyescas o los Rockeros de la Puebla.

Los cuplés de esta chirigota que se quedó en semifinales, sin llegar a sacar la carcajada, son alegres, predominando el bastinazo. Las música es muy chirigotera, bastante clásica pero siempre con el estilo del Yuyu. El estribillo es otro gran punto: “Tengo un cuerpo danone, como ustedes veréis, tengo un cuerpo Danone, pero en cajas de seis”.

El popurrí vuelve a bajar un poco el nivel. Lo mejor, el inicio. Con música de Félix Rodríguez de la Fuente, se oye un aullido y el Yuyu dice “El Lobo, qué buen turrón”. A partir de ahí, con ciertos altibajos, los gorditos cuentan sus hazañas, tanto en tareas de condumio, como en sus misiones acostados en el sofá.

La chirigota no está a la altura de las que han sacado estos autores a lo largo de los años. Pero aún así dejan una agradable sensación en el espectador y probablemente otro año se hubieran metido en la final (en 1.999 estaban Los Yesterday y Los Pofesionales). Se echarán mucho de menos las coplas de estos chirigoteros cuando se acerque el Carnaval.

lunes, 9 de agosto de 2010

Los Comediantes

"Mirad, mirad, aquí vamos a parar, qué buen sitio pa actuar” .Así se presentaba, con música del jorobado de Notre Dame, el coro Los Comediantes Nandi Migueles. Un coro lleno de color y alegría, como nos tiene acostumbrado el llamado coro de los niños. Se trata del último primer premio de la modalidad, en 2006, antes de que Julio Pardo monopolizara el máximo galardón durante tres años consecutivos.

La presentación es totalmente espectacular. El jolgorio se cuece más en el patio de butacas del teatro que en el propio escenario. Y es que, siempre al ritmo de un época en la que se desenvolvían esta especie de juglares, el teatro se llena de toda una pléyade de saltimbanquis, zancudos y bufones que bañan al espectador en papelillos.

Los tangos son también muy acertados. Más en letra que en música, que tiene un toque clásico, pero es de un gran nivel. Al tango o a los ilustres del carnaval, le cantan estos comediantes. Los cuplés tienen su gracia, y la música es simpática. En el estribillo, hacen un repaso de los tipos que ha traído el coro hasta el Falla en un trabalenguas que “si te lo aprendes, un comediante también serás”.

Simpático repertorio que tiene su culmen con el popurrí, sin duda la pieza fuerte de este coro. En él, se abre el telón del teatro de títeres que, durante toda la actuación, no parecía más que un humilde forillo. Entonces comienza un repaso a la historia de Cádiz, con unos títeres muy divertidos, algunos con parecidos razonables a personajes gaditanos. “Con la bomba al fanfarrón, Napoleón no nos pudo conquistar, y así la constitución de Cádiz se firmó”, reza una de las cuartetas.

El repertorio musical del popurrí es magnífico, muy variado, alegre y original. El estilo es parecido a la piaza final que trajo el coro este año con Las Reinas del Pópulo. Y aunque el espectador esté más pendiente de los títeres que de otra cosa, la letra también tiene un gran nivel. Gran coro el de Los Comediantes, que rompió con el estereotipo del coro aburrido, clásico y poco chistoso.


sábado, 7 de agosto de 2010

Los Doctores Jekyll

Con un marcado ritmo chirigotero, vigente a lo largo de toda la actuación, se presentó la chirigota del Love en el 2005: los doctores Jeckyll y Mr. Hyde , logrando un tercer premio por detrás de grandes chirigotas como Soltero y sin compropiso o Los que salimos por gusto.

Estos atípicos estudiantes de medicina, dedicados a la investigación, relatan en su presentación cómo han llegado a convertirse en el doctor Jeckyll y el problemilla de doble personalidad que poseen, transformándose en Mr. Hyde. Y es que son buenos de día y malos de noche.
Ataviados con capa, bastón y sombrero de copa, aludiendo quizás al tipo de los inmortales del año anterior, piden perdón por las maldades de ‘su otro yo’ y comienzan los pasodobles.
Variada temática, expuesta según la personalidad que adquieran en el momento: a la guerra, al aficionado, a la plaza de las flores e incluso la boda real. Refinados e intachables con su sombrero bien puesto hasta que Mr. Hyde se despierta y, ya despeinados y sin capa ni sombrero, continúan con la actuación. Muestran dos puntos de vista contrapuestos, uno correcto, el otro sin pelos en la lengua. Entre pasodoble y pasodoble intercalan una pequeña copla "Pero yo soy noble, y ahora mismo para desquitarme me pongo a cantarles otro pasodoble..."

Terminados los pasodobles, un pequeño tanguillo da paso a los cuplés con los que logran que el público se entregue y coree el estribillo: yo no soy el doctor Jeckyll ni tampoco Mr. Hyde, mi padre se llama Paco mi madre Pepi y yo soy de Cai.

Avisando de que puede que Mr. Hyde aparezca de cuando en cuando, comienzan el popurrí donde continúan esos intervalos de cambio de personalidad. Piden perdón por no saber controlar a su otro yo, con quien llevan, dicen , más de cuarenta años debido a una poción que se tomaron. Muy buenas cuartetas donde se suceden las transformaciones, y dejan claro que sus esposas prefieren a Mr. Hyde…
"Calla, calla, calla, calla, calla y vámonos..." el doctor Jeckyll se quiere marchar con ese monstruo que lleva dentro, mientras tanto Mr.Hyde se quiere quedar disfrutando del carnaval. Y así, con este careo de personalidades bordan el popurrí estos chirigoteros. Sin duda, no es la mejor chirigota con la que han concursado, pero al igual que con en el resto, dejan patente su estilo chirigotero, y el arte con el que bordan la interpretación un año más.